Una Cronología Escrita Sobre la Marcha

A mis amigos de la Banda de Música de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

He aprendido allí mucho con todos ellos…

 

 

3 de Febrero de 1813. San Lorenzo, Santa Fe.

A espaldas del convento San Carlos Borromeo en la ciudad de San Lorenzo se libra la batalla homónima. Gana San Martín. Curiosamente esta es la única batalla que el padre de la patria pelea en suelo argento. Al igual que Messi, el general hizo casi toda su carrera afuera.

Cuando niños leíamos el Billiken. Entonces a uno lo introducían a los conflictos armados como si estos fueran la única solución posible a toda divergencia de intereses. San Lorenzo había sido la madre de todas las batallas. En ella se nos presenta quizás al primer héroe telúrico que pudiéramos tener los niños: el Sargento Cabral. Este suboficial se hace célebre por salvar a San Martín de una muerte segura sacrificando su propia vida. Ipso facto se impone como ejemplo para el alumnado. Los niños con esas lecturas no podíamos darnos el lujo de permitirles a nuestros héroes  descansar en paz. En esos tiempos jugábamos todo el día con soldaditos que no se morían nunca.

Cuando llegaba el aniversario de la batalla de San Lorenzo el Billiken traía un póster central en el que aparecía de un lado Don José y del otro una especie de croquis en el que podía apreciarse cómo se habían desarrollado las escaramuzas de la batalla. Aquello se trataba de un mapa donde se representaban los desplazamientos de las tropas mediante líneas punteadas, cruces y círculos. En los números de antaño de la revista El Gráfico solían explicar los goles con recursos similares. Me sobran los motivos para afirmar que en la actualidad las revistas han perdido prácticamente todo su poder de fuego.

En algún momento de mi vida dejé de jugar con soldaditos y, entre otras cosas, comencé a interesarme por las artes. Desde entonces uno de mis pintores favoritos es Cándido López. En sus obras la guerra era un poco más sangrienta que en el Billiken. López pintaba a los soldados muy pero muy pequeñitos. Él se dedicó a retratar todo el paisaje de la batalla, como si observara aquello desde una colina lejana, a salvo de los cañonazos. Sus obras eran de proporciones notables y en ellas podían contarse por cientos los numerarios de un ejército y del otro, había barcos, cañones, mástiles, tiendas y hospitales de campaña. La magnificencia espacial era tan elevada como la profusión de los más mínimos detalles de la vida cotidiana de las tropas. Desde su perspectiva, imagino a  López también como a un niño que juega con soldaditos.

Si se observa con cuidado, en muchos de sus cuadros pueden verse soldados tullidos, desmembrados o sus cuerpos muertos, amontonados los unos sobre los otros. Es que López conoció los horrores de la guerra en primera persona. Perdió el brazo derecho en una batalla. Como la mayoría de los cracks que hacían goles en El Gráfico, llevó adelante toda su obra de zurda.

No he sabido si este pintor ha tenido descendencia. Por el contrario, un remisero que me llevaba a trabajar al teatro del bosque las mañanas en las que llovía juraba que su abuelo había sido sobrino nieto del Sargento Cabral. Agrego a último momento un dato intrascendente a esta cronología: tres personas que conozco dicen tener un pedazo de la cadena que se utilizó en la Vuelta de Obligado.

Solemos ignorar la historia, aunque todos queremos tener una.

1901 – Venado Tuerto, Santa Fe.

El músico uruguayo Cayetano Alberto Silva compone la marcha de San Lorenzo. Esto tiene lugar ochenta y ocho años después de que se lleva a cabo la batalla. La intención original del compositor no era homenajear a la gloriosa gesta de los granaderos sino al Ministro de Guerra de ese momento, el General Riccheri (años más tarde también le pondrían una autopista a su nombre).  Este, quizás por modestia, pide a Silva que llame a la nueva marcha Don José de San Martín. A último momento, al enterarse que Riccheri había nacido en San Lorenzo, el músico ofrece ponerle ese nombre a la composición. Esto les parece adecuado a ambos y entonces se bautiza oficialmente a la marcha  con el nombre de la ciudad santafecina.

Toda esta información la obtuve de Wikipedia: El Billliken nunca fue tan profundo.

1910.

Con motivo del centenario de la creación del Ejercito Alemán se da un intercambio de marchas militares entre dicha fuerza y su par de Argentina. ¡Qué buena onda!

En ese intercambio los argentinos les brindamos la marcha de San Lorenzo, mientras que los Alemanes nos obsequiaron con algo típicamente teutón llamado Alte Kamaraden. En nuestro país a Alte Kamaraden se la conoce como Alto Camarada, lo que es una falacia, ya que en realidad la traducción correcta del nombre de la marcha debería ser Viejo Camarada. A esto lo descubrimos accidentalmente con un colega tubista, músico de la banda de la Fragata Libertad mientras tratábamos de entender las instrucciones de una cafetera eléctrica que había adquirido en su última gira europea. Está claro que el alemán no es tan simple como el italiano y el portugués, idiomas ambos que cualquier argentino domina casi perfectamente.

Pero nuestro descubrimiento pareció no importarle demasiado a nadie. Entre otras cosas mucho más importantes, nunca nos enteramos de cómo pudieron haber denominado en el viejo continente a la marcha argentina(1). Impulsado por la curiosidad proseguí investigando esa notable irregularidad en la nomenclatura de Alte Kamaraden. Según un antiguo manual supe que se trata de un error típico entre los taductores nóveles y que puede justificarse básicamente con una simple explicación que a continuación detallo:

El español es un idioma de raíz latina y, como se sabe, el alemán fue influenciado vagamente por esas mismas raíces durante el período en que el Imperio Romano limitaba al norte con Germania. Estas misteriosas transparencias pueden tender una auténtica celada al traductor apresurado: el falso cognado. En realidad el término alemán alte deviene de las mismas raíces de las que surge su correlato en el idioma inglés, old, y no del adjetivo de la lengua ibérica, alto.

Está claro que los militares argentinos a cargo del intercambio de partituras, habiendo olvidado  preguntar el significado de Alte Kamaraden y desconociendo por completo el alemán,  propusieron una traducción basándose en el, a veces falible, “sentido común” de la milicia.

Con respecto al intercambio musical entre ambos ejércitos solamente quiero agregar que hay una gran cantidad de relatos que confirman que este tipo de transacciones eran muy frecuentes en aquella época. De todos modos las primeras noticias sobre el mismo las obtuve de un viejo archivista de la Orquesta del Museo de Ciencias Naturales. El anciano me contó repetidas veces que el score original de la marcha alemana estuvo en su poder por varios años hasta que le encontraron destino definitivo en una vitrina del aula magna de la Escuela Industrial Nro. 9 Jurgen Klinsman de la localidad de José C. Paz. Actualmente se desconoce el paradero del pentagrama original. Interrogada la Secretaria Académica del colegio sobre la situación de la partitura, dijo: (sic). ni idea.

De todos modos debo decir que nunca terminé de confiar en los relatos del viejo archivista debido a su afición a la grapa. Cada vez que me contaba su versión de la historia, la instrumentación de la marcha variaba. A veces se trataba simplemente de un cuarteto de clarinetes. Otras veces, con los ojos llenos de lágrimas y la voz quebrada, dijo que la partitura general tenía tantas líneas de bombardinos y fliscornos que cada vez que pretendían ensayarla debían reforzar las patas del atril del director.

Luego de muerto el archivista pasaron muchos años hasta que alguien más hable de la historia de esta marcha en mi presencia. El destino quiso que haya sido  yo entre tantos otros, uno de los testigos de este hecho sobre el cual, a su turno, brindaré más detalles.

(1)Según el servicio informático Google Translator(R) una posible traducción de San Lorenzo al alemán podría ser Heiligen Lorenzo.

1940. París

Hitler entra a la ciudad luz.

Se sabe perfectamente que el Führer era un amante de las artes. Hay crónicas que lo muestran como a un pintor frustrado. Muchas fueron las veces que se le negó la posibilidad de estudiar en el Instituto de Arte de Viena por carecer de talento. La obra literaria Der Engel mit der Posaune (El Ángel de la Trompeta), de Ernst Lohtar, habla de un Hitler joven pero ya frustrado por no poder dedicarse a lo que más amaba: la pintura. Quizás habiéndosele negado esta posibilidad fue que volcó su pasión en la música. Intentó aprender varios instrumentos. También estudió dirección orquestal. Probó la composición y el contrapunto. Todo se le negaba. La sordera de Hitler no podía ni siquiera compararse con la de una tapia. Hitler era más sordo que el muro de Berlín. De todos modos supo apreciar la buena música. Se sabe que idolatraba a Wagner y que tenía una inocultable obsesión por las marchas militares. En los jardines de sus varias residencias siempre había una centena de músicos dispuestos a tocar a cualquier hora del día. El líder aprovechaba esas largas sesiones orquestales y practicaba el pasaje de desfile. Muchas veces perdía el paso pero, por supuesto, nadie jamás se atrevió a decírselo.

Es una verdad incuestionable que Hitler no sólo conocía la marcha de San Lorenzo, sino que también era un de sus predilectas. Él mismo se encargó de hacer una lista de las partituras que sonarían al momento de su victoriosa entrada a la recién capitulada París. Por supuesto que San Lorenzo fue una de ellas. El destino quiso que aquella marcha argentina compuesta por un músico uruguayo sonara en el preciso momento en que él y su comitiva pasaran bajo el arco del triunfo. Esto sé que es cierto porque lo vi en Crónica TV. Salió en un documental que pasaron una vez después de la quiniela. Viendo los hechos con perspectiva, este es uno de los tantos sucesos que sin dudas han moldeado la idiosincrasia exitista del Ser argentino. Nos gusta tener que ver con todos los hechos históricos de trascendencia. No solo que nos enorgullecemos de que sean argentinos el padre del vaipas, el inventor de la birome y el autor del mejor gol de la historia de la copa del mundo, sino que también nos ufanamos de haber aportado la banda de sonido a varios sucesos de importancia entre los que se destacan, como ya dijimos, la entrada de Adolf Hitler a París y el la música de los créditos iniciales de la laureada serie Misión Imposible.

Me preguntó en este instante cómo se habrían desarrollado los hechos si es que el Fürer hubiera tenido en su mano derecha la mitad del talento que yacía oculto en la izquierda de Cándido López.

Noviembre de 1988. Pehuajó, Buenos Aires.

Desapruebo un examen de la materia música correspondiente al primer año de la carrera de perito mercantil con orientación contable e impositiva por no saber la letra de la marcha de San Lorenzo.

Diciembre de 1988. Pehuajó, Buenos Aires.

Apruebo el recuperatorio de dicho examen luego de estudiarme el texto de memoria.

Enero de 1989. Pehuajó, Buenos Aires.

La olvido nuevamente.

Mayo de 1999. La Plata, Buenos Aires.

Como músico profesional comienzo a prestar servicio en la Banda de Música de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. En una de las paredes de la sala de ensayo cuelga una gigantografía que exhibe el texto de la marcha de San Lorenzo. Solíamos utilizarla en los conciertos didácticos para hacer cantar a los pibes. Pese a la cotidianeidad de la exposición a dicho texto, a su excesivo tamaño y a los coros desaforados de los niños, sigo sin poder memorizarla.

Cada mañana cuando las ventanas se empañan del lado de adentro por el sudor de las cabezas de los escolares surgen, como fantasmas sin descanso, los mismos interrogantes de siempre. ¿Estos niños leerán el Billiken? ¿Messi o Maradona? ¿Vaipas…cómo demonios se escribe?

Invierno de 2001. Algún lugar del interior de la provincia de Buenos Aires.

Hace muchísimo frío. Estamos tocando marchas a la salida de una iglesia en el marco de las fiestas patronales del pueblo. Se comienzan a reunir curiosos a nuestro alrededor. Una mujer bastante mayor se acerca al director de la banda y le dice algo al oído. Se va. Apenas un compás más tarde el director da la orden pertinente y sobre la baldosa cambiamos de obra. La señora ha sido prisionera en un campo de concentración y todas las mañanas la despertaban con Alto Camarada. Después de sesenta años ha vuelto a escuchar esa música nuevamente. Estoy prácticamente seguro de que a ella en ese momento tampoco le importó demasiado que el nombre de la partitura hubiera sido mal traducido.

Esto sé que sucedió no sólo porque estuve ahí, sino porque fui el único que luego en el micro le preguntó al director qué era lo que le había dicho la señora al oído.

25 de Febrero de 2014. La Plata, Buenos Aires.

Estoy cortándome el pelo. Ya no toco más marchas y me encanta que me laven la cabeza.  Leo la revista Muy Interesante (la Mecánica Popular hace tiempo que ya no se consigue). Me intereso en un artículo sobre la génesis de la música uruguaya moderna. A la derecha, en un cuadrito muy pequeño, una foto me llama la atención. Leo un epígrafe minúsculo y con sorpresa descubro que se trata de Cayetano Silva, el compositor de la Marcha de San Lorenzo.

−¿Quién lo hubiera dicho? -me pregunto en voz alta. Luego vuelvo a examinar con detenimiento el retrato y lanzo una carcajada. Mario, el peluquero, me da un estate quieto en la cabeza.

−¿Qué hacés nene? ¡Casi te corto una oreja!

−¡Que querés! -le digo- ¿Vos te imaginás la cara que hubiera puesto Hitler si se hubiera enterado de que el que compuso la marcha de San Lorenzo era negro?

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